Hoy encontramos un árbol de mora al lado del camino y saltamos sobre él con lujuria. No puedes creer lo dulces, el jugo corría por las manos y los dientes y era rojo rojísimo. Tómame una foto y ponla al lado de las de la protesta, dijo uno riéndose con el jugo de mora goteándole.
Caminando por los cerros más allá de Jerusalem hay también olivos, higos, alcaparras, anís. Quién pensaría que en este desierto había tanta vida.
Cuando camino por aquí siento que mi cuerpo forma parte de la tierra, dijo otra. Ella viene de una familia ortodoxa, su papá vino de Rumanía y peleó en la guerra de 1967 y es súper israelí. Pero ella se alejó de la la religión de su familia, hoy es una rabina del movimiento judío reconstruccionista. Quién no podría amar esta tierra. Aquí donde caminamos ha vivido gente desde hace miles de años, primero unos, después los otros.
Aquí fue el último bastión de los judíos en tiempos de los romanos, me señalan unas cuantas rocas. Duraron tres años. Allá donde ves esas casas a lo lejos es un pueblo palestino que huyó cuando Israel conquistó estas tierras en 1967. Ahora es un poblado grande, se ven las mezquitas a la luz del atardecer y se escuchan tambores y aplausos. Es un matrimonio.
sábado, 4 de agosto de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario