Cuatro de la mañana. Anoche rodaba yo de un extremo al otro de la cama, como todo lo que no está amarrado, y el rodar se combinaba con los sueños. Desde ayer estamos navegando por un tifón, como le dicen al huracán por acá, y no hay para donde ir, no hay más nada que hacer que agarrarse duro.
Llevamos menos de una semana de haber iniciado la expedición contra la caza de ballenas de Japón, y empezamos a navegar hacia el sur, al Océano Austral en los alrededores de la Antártida. Por delante de nosotros, no sabemos exactamente dónde, la flota ballenera con sus arpones explosivos especialmente diseñados para matar ballenas.
Desde el principio se nos pegó un bote gigante de la guardia costera japonesa. La caza de ballenas ha sido formalmente militarizada. Los planes cambian y se inventan cada minuto.
Pero todo es normal igual. Las rutinas siguen igual, yo sigo despertándome a las 3.40 am para hacer mi turno mañanero, el almuerzo es a la misma hora, la gente es la misma. En medio de la locura, la normalidad.
jueves, 22 de noviembre de 2007
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