La otra vez, en un breve espasmo de choli-fama en la tele, me tocó estar en boca del director de la Policía Nacional. Unos días más tarde, los tongos sacaban arrastrada de su casa a la señora Isabel Becker, una viejita ngöbe que estaba en el lugar donde la empresa gringa AES Panamá quiere construir la nueva hidroeléctrica en Bocas del Toro.
Como Panamá no tiene ejército, le toca a la policía ser el brazo armado del "desarrollo". En este caso, se trata de las hidroeléctricas gigantes que quieren hacer en los bosques de las montañas de Bocas del Toro, una de las regiones con más densa biodiversidad en el planeta Tierra. Las hidroeléctricas servirán para vender electricidad al extranjero y proveer energía para otros proyectos de "desarrollo" que beneficiarán a tres o cuatro personas y harán miserable la vida de unas cuantas miles.
Rolando Mirones, el director de la policía, estaba hablando alguna paja en la TV y citó una entrevista que me hicieron en FETV donde dije que a lo mejor la gente tendría que ponerse las pilas y resolver sus propios problemas sin esperar a que el gobierno se los resuelva. La razón por la que lo dije es que el gobierno, cada vez más, resulta ser el enemigo de la gente y la gente a veces anda sentada esperando a que sean los poderosos los que atiendan sus necesidades.
La gente de Bocas está tratando de dirigir su propio destino y resistiéndose a la destrucción de sus bosque, sus ríos y sus playas. Los policías, con sus garrotes y sus pistolas, están ahí para evitarlo, y para proteger las ganancias de las empresas de energía y de bienes raices, destruyendo casas, apaleando gente y sacando viejitas de su tierra a la fuerza.
Es una vergüenza que mis palabras sean usadas por un cerdo. Por ello, pido disculpas a mis amigos que leen este blog acá.
domingo, 28 de octubre de 2007
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