A veces pasa que tenemos más de una vida. Son como mundos aparte, con gente aparte. Existen en paralelo, y lo único que los toca a los dos es uno mismo.Ahora me toca irme a otro mundo: el mundo del mar.
A veces es el mundo de tu cuarto y el mundo de la sala de la casa. El mundo del trabajo y el mundo de la familia. Otras veces los mundos están separados por grandes espacios, como cuando te has ido de tu país, y tienes a tus amigos, tus historias, tus realidades allá, que nadie conoce acá.
En mi vida del mar trabajo ocho horas al día. Vivo en un barco, un espacio finito, donde afuera están los océanos fríos y peligrosos, que se mueve de un país a otro. Un lugar que se mueve. Donde las realidades más extremas se hacen normales.
Allá nadie sabe cómo es acá. Nadie sabe de la ensalada de mango ni de las gatas ni de los buses.
Allá hay sala de máquinas, olor a diesel, trabajo físico, nudos, motores fuera de borda. Allá hay amigos que nadie conoce acá.
Uno quisiera explicarle a un mundo sobre el otro mundo, pero no se puede.
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