Por los cerros. Dos opciones: vivir en la ciudad o venirse a los cerros. El clima es insuperable, las puertas se quedan sin llave en la noche, el espacio.
Después de un par de semanas visitando la ciudad, el teléfono ya suena, los caminos se conocen, se puede viajar en bus con los ojos cerrados. Ya esta identificada la marca favorita de jugo de naranja. Me gusta la ciudad.
Pero las ganas de salir de la ciudad, la claustrofobia. ¿Claustrofobia, en Tel Aviv?
¿Cómo será para la gente de Gaza, la cárcel mas grande del mundo?
viernes, 17 de agosto de 2007
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