Llama la cueva: la hamaca y el verano y los amigos en la tarde. Cinco meses han pasado, cortesía del escapismo, eficiente motor del descubrimiento. Cuando uno viaja se expone uno mucho más a la nube de los azares, las casualidades se acumulan, se van escribiendo las historias de los días y uno casi que está como sentado adentro de uno mirando lo que pasa.
Como todas las historias, tienen su parte triste y difícil y su parte fresa y fácil. Todas son parte del cuento, a todos esos azares malos y buenos se les da la bienvenida. Entonces se cruzan las preguntas grandes de la vida, como un perezoso cruzando la carretera. Hay que detenerse y ahí hay que pensar entonces. Ahí ya no funciona lo de dejar que el universo decida.
sábado, 1 de marzo de 2008
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